Vitamina C

El Método Más Eficaz Para Prevenir Y Tratar Los Problemas   
Cardiovasculares

La carencia crónica de vitamina C es la causa fundamental de todas
las enfermedades cardiovasculares ya que es absolutamente esencial
para mantener en buen estado las arterias. Así lo afirma al menos el
conocido médico e investigador alemán Matías Rath para quien el
exceso de colesterol y triglicéridos así como la hipertensión no son
sino factores secundarios de riesgo. Consecuentemente, los
tratamientos actuales carecerían de sentido. Una contundente
afirmación que explica en detalle en su popular obra "Por qué los
animales no sufren infartos y los hombres sí" cuya edición en
español acaba de ver la luz.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) dieciséis millones y
medio de personas murieron en todo el mundo durante el año 2002 a
causa de distintas "enfermedades" circulatorias -patologías
cardiovasculares, cerebrovasculares y otras dolencias cardíacas- por
lo que constituyen la primera causa de muerte en las sociedades
industrializadas. Y la cifra de fallecimientos aumenta cada año a
pesar de los miles de millones de euros gastados en medicamentos
para tratar de combatirlas.
Evidentemente si las soluciones propuestas se miden por su eficacia
habrá que concluir que en este caso -como en el de la mayoría de las
enfermedades crónicas- los tratamientos a base de fármacos no
suponen solución alguna. Lo que quiere decir que o bien las teorías
más aceptadas sobre las causas de las enfermedades circulatorias no
son correctas, o bien los medicamentos se limitan a paliar síntomas
sin solucionar la raíz del problema. Es pues imprescindible prestar
atención a otros enfoques sobre la causa de las enfermedades
cardiovasculares y sus posibles tratamientos. Porque existen, han
surgido en el seno de la propia comunidad científica y, sin embargo,
están siendo inexplicablemente silenciados. Es el caso del conocido
médico alemán Matías Rath, autor de una singular obra que acaba de
ponerse a la venta en español: "Por qué los animales no sufren
infartos y los hombres sí" que lleva como subtítulo "El avance
médico que acabará con las enfermedades del corazón". Contundente
afirmación que basa en un nuevo enfoque de la causa de las
enfermedades cardiovasculares y de cómo prevenirlas o afrontarlas
cuando aparecen.

VITAMINAS Y OTROS MICRONUTRIENTES, LA CLAVE
Más de dos décadas de investigaciones centradas en encontrar las
causas de las enfermedades circulatorias llevarían al doctor Rath a
una conclusión que cambia completamente la actual forma de
contemplar las patologías cardiovasculares: el convencimiento de que
todas ellas se inician por una deficiencia crónica de vitamina C y
otros micronutrientes esenciales, especialmente aminoácidos y
enzimas.
Es decir, según Rath es la carencia crónica de algunos nutrientes
esenciales en las células endoteliales del sistema circulatorio lo
que termina afectando su estructura y produciendo lesiones y
agrietamientos. El endotelio tiene una función fundamental en
nuestro organismo al ser la capa de células que cubre el interior de
los vasos sanguíneos, una epidermis que facilita el desplazamiento
de la sangre y de cuyo estado depende la circulación sanguínea. El
endotelio está considerado como un órgano constituido por millones
de células que forman una capa muy delgada que recubre la totalidad
de la superficie interna del corazón, las arterias, los vasos
capilares y las venas y cuyo peso aproximado es del 5% de nuestro
peso total (pesaría 3 kilos y medio, pues, en alguien de 70 kilos).
Células que consumen gran cantidad de energía, fruto de su activo
metabolismo.
Pues bien, Rath asegura que las paredes endoteliales de todos esos
órganos se deterioran -se agrietan- cuando al organismo le faltan de
manera crónica determinados micronutrientes siendo ese el origen
real de todas las enfermedades cardiovasculares. Deterioro que el
organismo intenta reparar recubriendo las grietas con colesterol -
más concretamente con la lipoproteína (a)-. El problema es que ese
mecanismo reparador -del que hablaremos más extensamente- tiene el
inconveniente de que las partículas que circulan por la sangre se
pegan al colesterol formando lo que conocemos como placas
arteroscleróticas y pueden, al ir aumentando con el tiempo, impedir
el flujo de la sangre. Un mecanismo que es utilizado por el
organismo sobre todo en los lugares de especial tensión... lo que
explica que el desarrollo predominante de las placas se de
fundamentalmente en las arterias coronarias ya que son éstas las que
más sufren el esfuerzo mecánico del corazón. Por eso los infartos de
miocardio constituyen la manifestación clínica más frecuente de la
enfermedad cardiovascular.
¿Y qué propone Rath? Pues algo muy simple: ante todo, saber que para
prevenir los problemas circulatorios bastaría con proporcionar
diariamente al organismo -mediante la alimentación o con suplementos
si es preciso- las vitaminas, minerales, enzimas, aminoácidos y
demás oligoelementos necesarios para su correcto funcionamiento. Y
en el caso de que ya exista deterioro seguir un tratamiento
específico de recuperación que consiste en la ingesta de unos
comprimidos con más de 30 micronutrientes especialmente
seleccionados (en la proporción adecuada).
Hay que añadir que la afirmación de Rath está avalada por numerosos
estudios científicos realizados por su propio instituto de
investigación pero también por una amplia documentación científica
procedente de todo el mundo que documenta el beneficio para la salud
de la ingesta de micronutrientes. Podemos estar pues ante un método
capaz de evitar millones de muertes además del actual despilfarro en
medicamentos que ni previenen ni curan.

LA VITAMINA C, NÚCLEO CENTRAL DEL PROGRAMA
Debemos explicar que la teoría de Rath se basa sobre todo en la
necesidad imperiosa que el organismo tiene de un componente
esencial: la vitamina C. Una vitamina que, a diferencia de la
mayoría de los animales, nuestro organismo no es capaz de sintetizar
y por eso requiere ingerirla prácticamente a diario. Es importante
entenderlo porque cuando no se hace así... aparecen los problemas
circulatorios además de otras patologías. Un problema que no tienen
la mayoría de los animales porque sus organismos sí la producen, sí
la sintetizan.
Hoy sabemos que la vitamina C -que puede encontrarse en forma de
ácido ascórbico, ascorbato cálcico, ascorbato sódico, ácido
cevitámico o ácido hexurónico- es fundamental para el ser humano en
al menos 8 procesos orgánicos. Siendo quizás el más importante su
intervención en la formación de colágeno, proteína imprescindible en
los tejidos que dan soporte a nuestro organismo: cartílagos, matriz
ósea, ligamentos, piel, tendones, paredes arteriales, etc. La
alteración de esta función se manifiesta a través de una serie de
síntomas que van desde la dificultad para cicatrizar o reparar
fracturas hasta hemorragias en la piel o lesiones en las encías.
Casi todo el mundo sabe también que su carencia provoca en el ser
humano el escorbuto, dolencia que se convirtió en una auténtica
epidemia durante la Edad Media y que los navegantes españoles
conocían como "la peste de la naos". Era sufrida por aquellos que
pasaban largas temporadas sin ingerir frutas o verduras frescas,
básicamente los navegantes y los habitantes de poblaciones que
sufrían largos asedios. Sus síntomas eran debilidad y dolor muscular
y articular así como múltiples hemorragias espontáneas que acababan
causando la muerte. Y aunque existen testimonios de cómo los indios
americanos ayudaron a algunos navegantes a recuperarse con
infusiones vegetales y alimentos frescos oficialmente el remedio
contra el escorbuto no se descubrió hasta que el médico de la marina
inglesa James Lindt realizó en 1756 los primeros ensayos controlados
de la historia de la Medicina. Lindt escogió a doce marineros
afectados por la enfermedad e hizo seis grupos de dos marineros cada
uno a los que suministró seis tratamientos diferentes para observar
su evolución. Lindt descubriría así que sólo la pareja a la que se
suministró zumo de limón y naranja como parte de la dieta
evolucionaba favorablemente. Afortunadamente no tuvo que repetir su
experimento en los grandes centros hospitalarios de la época -como
hoy se exige- ni realizarlo con cientos o miles de personas. La
simple observación clínica sirvió para su aplicación y terminar con
la epidemia de escorbuto.
Aunque sin identificar en ese momento, hoy sabemos que el agente
causal de la enfermedad era la falta de vitamina C (se
llama "vitamina C" a todos los compuestos que poseen la actividad
biológica del ácido ascórbico) en el organismo. Y a partir de
entonces los marineros de la armada inglesa recibieron el apodo
de "limely"" o bebedores de limón siendo adoptado el método poco a
poco por los demás países.
La relación entre la vitamina C y el estado del sistema circulatorio
es pues evidente y conocida desde hace más de dos siglos pero Rath
ha sido el primero en establecer una relación directa entre el
escorbuto y las patologías coronarias. "Las enfermedades
cardiovasculares -explica Rath- son en realidad una forma temprana
del escorbuto. En ambos casos la falta de vitamina C en las células
cardiovasculares provoca la aparición del trastorno. En el caso del
escorbuto el agotamiento total del ascorbato del cuerpo lleva a la
disolución de la estructura de las paredes arteriales causando
hemorragias y, en última instancia, la muerte. En las enfermedades
cardiovasculares la carencia de ascorbato aumenta poco a poco a lo
largo de los años provocando la necesaria reparación de las paredes
arteriales y, por ende, la formación de placas".
La relación establecida por Rath entre el escorbuto y las
enfermedades cardiovasculares supone, en suma, situar la causa de
las mismas en el estado físico de las arterias. Y al tiempo,
reinterpreta el papel de los depósitos arteroscleróticos que pasan
de ser algo completamente negativo a un mal necesario porque
constituyen el recurso de emergencia que emplea nuestro organismo
para taponar las grietas sufridas en el endotelio por la carencia de
nutrientes, especialmente de vitamina C. Un problema que posee el
ser humano -al igual que los primates y algunas otras especies como
los conejillos de indias- porque carece de la enzima hepática l-
gulonolactona oxidasa encargada de provocar la conversión de glucosa
en vitamina C y por eso necesitamos ingerirla con la alimentación.
En suma, la razón por la que la mayor parte de los animales no
sufren infartos, según Rath, es que a diferencia de los seres
humanos éstos elaboran su propia vitamina C en cantidades que,
calculadas en función del peso de un ser humano, supondrían entre 1
y 20 gramos diarios. Sería pues su presencia -en sinergia con otros
micronutrientes- lo que permite a las arterias mantenerse fuertes
sin necesidad de recurrir a las placas grasas como remedios
ocasionales para tapar las grietas que provocan su déficit. Y no
sólo eso: también se puede revertir el proceso eliminando las placas
de ateroma.

MUCHOS AÑOS DE SILENCIO
Hay que decir que la importancia del papel de la vitamina C en
nuestras arterias quedó establecida en los años 30 del pasado siglo.
Los médicos canadienses J. C. Paterson y G. C. Willis sospecharon ya
entonces que la enfermedad cardiaca está relacionada con la
estabilidad de las arterias y ésta, a su vez, con la cantidad de
vitamina C presente en el organismo. Es más, comprobaron que las
placas arteroscleróticas no estaban distribuidas aleatoriamente sino
que se desarrollaban en aquellos lugares donde los vasos sanguíneos
están sometidos a una mayor tensión mecánica, es decir, en las
arterias coronarias.
En 1937 Paterson midió los niveles de vitamina C en los tejidos de
los pacientes de un hospital comprobando que quienes padecían
enfermedades cardíacas tenían un 80% menos de vitamina C en su
sistema circulatorio que los pacientes del grupo de control. Por su
parte, Willis agregó medio gramo diario de vitamina C a la dieta de
un grupo de pacientes logrando con esa simple medida eliminar las
placas en la mitad de ellos mientras no hubo reducción alguna en el
grupo de control al que no se dio el suplemento vitamínico. Willis
también comprobó que la ingesta diaria de vitamina C era efectiva en
el 100% de los casos a la hora de prevenir la arterosclerosis en
conejillos de indias. Incomprensiblemente, estos resultados -
publicados en el Journal of The Canadian Medical Association- fueron
ignorados por la clase médica dominante.
A pesar de las dificultades para seguir avanzando, otros pioneros
como Irwin Stone, Albert Szent-Gyorgyi -Premio Nobel en 1937 por el
descubrimiento de la molécula de la vitamina C-, Linus Pauling -dos
veces Premio Nobel- y Matías Rath -en la actualidad- recogieron el
testigo de la investigación sobre la importancia de la vitamina C.
Stone, que estudió la propiedades de la vitamina C desde 1932,
afirmaría en su obra The Healing factor: Vitamin C Against Disease -
publicada en 1972- lo siguiente: "Podemos conjeturar que la
producción de ácido ascórbico (vitamina C) fue un logro temprano del
proceso de la vida debido a su amplia distribución en casi todos los
organismos vivientes actuales. Se produce en cantidades
comparativamente grandes en las plantas más simples y en las más
complejas; se sintetiza en las especies animales más primitivas así
como en las más altamente organizadas. Excepto posiblemente en
ciertos microorganismos, aquellas especies de animales que no pueden
elaborar su propio ácido ascórbico son las excepciones y lo
requieren en su comida si quieren sobrevivir. Sin él, la vida no
puede existir".
Pauling -Nobel de Química en 1954 por sus investigaciones sobre la
estructura de las moléculas de las proteínas y Nobel de la Paz en
1962 por su acción a favor del desarme (en enero de 1958 presentó en
Naciones Unidas una petición firmada por 11.021 científicos en
contra de los ensayos con armas nucleares)- quedó convencido por los
trabajos de Stone de la necesidad que tiene nuestro organismo de
grandes cantidades de vitamina C y desde el prestigio que le
conferían sus dos Nobel planteó la hipótesis del accidente evolutivo
como causa de la incapacidad del ser humano para elaborar su propia
vitamina C. "La mayoría de las personas en el mundo -escribiría
Pauling- padece una enfermedad causada por una deficiente ingesta de
ácido ascórbico, una enfermedad que Stone denominó hipoascorbemia.
Esta enfermedad parece estar presente debido a un accidente
evolutivo que ocurrió hace muchos millones de años. Los antepasados
de los seres humanos (y de sus parientes actuales, otros primates)
vivieron probablemente en un área en la que las comidas naturales
disponibles les proveían de cantidades muy grandes de ácido
ascórbico (muy grandes comparadas con las cantidades normalmente
ingeridas ahora y con las normalmente recomendadas hoy por médicos y
otras autoridades en Nutrición) pero algún tipo de mutación les
anuló la capacidad natural de fabricar el ácido ascórbico dentro de
su propio cuerpo".
Años después -y tras múltiples investigaciones sobre la vitamina C-
Pauling denunciaría que la cantidad de 60 mg por día recomendada
entonces por la FDA -la misma que recomiendan las autoridades
sanitarias españolas- es ridícula ya que se trata de una cantidad
¡entre 30 y 300 veces menor! que la concentración encontrada en
otros mamíferos. En otras palabras, vino a decir que los seres
humanos necesitaríamos ingerir entre 2 y 20 gramos diarios para
tener el mismo nivel de ascorbato que los animales. Pues bien, sería
la afinidad sobre el papel de las vitaminas y la salud lo que
propiciaría el encuentro entre Matías Rath y Linus Pauling.
Rath había descubierto en 1987 que no era el exceso de lipoproteínas
de baja densidad (conocidas como LDL o "colesterol malo") el
responsable de la formación de las placas arteroscleróticas -y, por
tanto, de las enfermedades cardiovasculares- sino una lipoproteína
de baja densidad en concreto, la lipoproteína (a), que se halla
rodeada de una película adhesiva que lleva al depósito de colesterol
y otras grasas en las paredes arteriales. Y que ese depósito sólo se
produce cuando éstas se encuentran debilitadas y el organismo tiene
que reparar su agrietamiento (básicamente, por deficiencia de
vitamina C).
En 1991 Pauling y Rath presentarían conjuntamente a la comunidad
científica internacional su revolucionario descubrimiento: "La
solución al enigma de la enfermedad cardiovascular humana: su causa
primaria es la deficiencia de ascorbato que lleva a la deposición de
lipoproteína (a) en la pared vascular". Un año después, en una
conferencia de prensa conjunta celebrada en San Francisco y que
constituyó la última aparición en público de Pauling, ambos trataron
de trasmitir al mundo que la victoria sobre las enfermedades
cardíacas ya era posible. Pero pocos médicos escucharon...
Desde entonces el trabajo de Rath se ha dividido entre nuevos
estudios que avalan sus conclusiones y la lucha contra -en sus
propias palabras- "las tácticas de los grupos económicos para
ocultar la existencia de métodos naturales para acabar con los
infartos y otras dolencias vasculares". Un momento crucial de esa
lucha fue el intento de las multinacionales farmacéuticas de que las
vitaminas pasaran en Estados Unidos a tener la consideración
de "medicamentos". No lo consiguieron. Sin embargo, "tras perder esa
batalla la industria farmacéutica -explica Rath- decidió reagruparse
a nivel internacional y en 1955 lanzó una campaña mundial para
declarar ilegal toda la información relacionada con las vitaminas y
con las terapias naturales no patentables. Y con tal fin el cartel
farmacéutico ha llegado incluso a aprovecharse de instituciones
políticas internacionales como el Parlamento Europeo o la
Comisión 'Codex Alimentarius' de las Naciones Unidas".
Una amenaza que sigue vigente. El lector pueden conocer las
maniobras que contra las terapias y productos naturales están en
marcha y de las que hemos venido informando ampliamente en nuestra
revista consultando nuestra web: www.dsalud.com

LOS NUEVOS PLANTEAMIENTOS SOBRE LAS ENFERMEDADES CARDÍACAS
¿Conseguirá el libro "Por qué los animales no sufren infartos y los
hombres sí" cambiar ideas tan arraigadas como la "culpabilidad" del
colesterol o la hipertensión en las dolencias cardiovasculares?
¿Aceptarán los cardiólogos que quizás estén confundiendo los
síntomas con la causa real? Mientras esa duda se aclara veamos de
forma resumida los aspectos básicos de la teoría de Rath sobre las
enfermedades cardiovasculares:

1) Arterias y venas. Las arterias y las venas -como el resto de
nuestro organismo- están sometidas a un continuo proceso de
deterioro y reparación celular. Y para reparar o reemplazar los
tejidos nuestros cuerpos deben producir obligatoriamente una
proteína llamada colágeno. Pues bien, para elaborar colágeno el
cuerpo necesita grandes cantidades de ascorbato, es decir, de
vitamina C. Y como nuestro organismo no la produce es absolutamente
necesario ingerirla a través de las comidas o de suplementos
vitamínicos. Especialmente porque el consumo de verduras y frutas
naturales y frescas -de temporada- que desde la noche de los tiempos
han sido nuestras principales fuentes de suministro de vitamina C y
otros micronutrientes... se ha reducido notablemente. Sin olvidar
que los actuales procesos industriales de manipulación, preparación
y cocción de los alimentos hacen perder gran parte de las vitaminas
que contienen cuando son consumidos. El resultado es una dieta
deficiente que impide al organismo tener suficiente ascorbato para
hacer colágeno lo que lleva a las paredes arteriales a resentirse
pudiendo con el tiempo agrietarse. Deficiencia que, en caso de ser
prolongada, puede llevar hasta el escorbuto y a la aparición de
hemorragias que pueden causar la muerte.

2) La lipoproteína (a). La aparición de grietas en las arterias por
falta de colágeno obliga al organismo a intentar reparar las
lesiones producidas con soluciones transitorias. Sólo que esas
soluciones que a corto plazo resuelven el problema... también pueden
provocar a medio o largo plazo situaciones peligrosas. Como ya hemos
explicado, la falta de colágeno suele provocar lesiones en las áreas
de máxima tensión física. Y ese es el caso de las arterias
coronarias. Así que cuando se produce un agrietamiento el organismo
utiliza lipoproteínas (a) para taponarlas... formándose con el
tiempo lo que conocemos como placas arteroscleróticas. Obviamente,
si la situación de lesión arterial perdura las placas crecen en
tamaño hasta que el flujo de sangre queda parcial o completamente
interrumpido provocando lo que llamamos arritmias, anginas de pecho,
ataques cardíacos o infartos. En suma, la carencia de vitamina C
impide al cuerpo la creación de colágeno y, por tanto, la curación
de heridas y la reparación de los vasos sanguíneos. Por eso es
imprescindible su consumo diario.

3) El colesterol. Este nuevo enfoque implica que el colesterol no es
uno de los principales factores de riesgo cardiovasculares por lo
que deja de tener sentido vivir obsesionados por él (lo que no
quiere decir que su control no sea oportuno). Sólo que para
controlar su exceso bastan grandes cantidades de ascorbato ya que la
vitamina C lo transforma en bilis que luego se excreta a través del
intestino. No se necesitan fármacos.
"Las campañas de marketing lanzadas para la venta de
hipercolesterolemiantes o fármacos que reducen el colesterol -
denuncia Rath- convierten este factor de riesgo en el 'chivo
expiatorio'. Hoy en día millones de personas utilizan el más
reciente de este tipo de fármacos, las estatinas, que bloquean la
síntesis del colesterol con la esperanza de recibir un tratamiento
para su enfermedad. Sin embargo, la debilidad subyacente de las
paredes arteriales sigue sin recibir tratamiento alguno. Además,
según la edición del 3 de enero de 1996 de JAMA estos fármacos
producen cáncer y tienen otros efectos secundarios graves así que
hay que evitarlos siempre que sea posible".
Cabe añadir que el 80% del colesterol del cuerpo lo produce el
propio organismo, no se ingiere con la alimentación; luego, ¿iba el
cuerpo a producirlo masivamente si fuera tan negativo?

4) La hipertensión. Bajo el nuevo enfoque propuesto por Rath también
la hipertensión puede solucionarse... aumentando simplemente la
ingesta de vitaminas y otros micronutrientes. Porque también en este
caso el proceso se iniciaría debido a la carencia crónica de
nutrientes vitales en las células de las paredes arteriales. La
explicación para Rath es sencilla: como quiera que son las células
las que se encargan de la producción de factores de relajación
(óxido nítrico) que eliminan la tensión de las paredes normalizando
la tensión arterial... es obvio que una carencia crónica de
micronutrientes puede impedirles cumplir esa función. Y esa carencia
puede dar lugar tanto a contracciones como al engrosamiento de las
paredes arteriales y ello, a su vez, causar más hipertensión.
Consiguientemente bastaría una alimentación rica en vitamina C y
magnesio (antagonista natural del calcio) para reducir la presión de
las paredes arteriales y disminuir la hipertensión. También es útil
ingerir tres aminoácidos; dos de ellos previenen la formación de las
placas arteroscleróticas -la lisina y la prolina- y el tercero -la
arginina- aumenta la elasticidad de las paredes arteriales al
producir óxido nítrico.

5) Insuficiencias cardíacas. Millones de personas en todo el mundo
sufren problemas relacionados con deficiencias cardíacas que suelen
traducirse en taquicardias, disneas, fatigas y edemas. Estas
deficiencias pueden aparecer sin que haya existido un accidente
cardíaco previo y en los casos más extremos los pacientes pueden
acabar necesitando un trasplante. Pues bien, como ya hemos
adelantado "la principal causa -según puede leerse en la obra de
Rath- es la falta de vitaminas y otros nutrientes esenciales que
abastecen de bioenergía las células del músculo cardíaco. Las
contracciones del mismo se realizan con la ayuda de estas células
que también se encargan de bombear la sangre a través del torrente
sanguíneo. Al sufrir un déficit de vitaminas y demás nutrientes
vitales la función de bombeo del corazón se altera, lo que puede
producir disnea edema y cansancio".
Entre los combustibles naturales para evitarlo Rath menciona junto a
la vitamina C, la lisina y la prolina otros micronutrientes
importantes: los aminoácidos carnitina y taurina, la coenzima Q-10,
las vitaminas del grupo B, la vitamina E y otros oligoelementos. Su
ingesta sirve para mejorar la función de bombeo y el ritmo del
corazón.

6) La diabetes. Desgraciadamente, diabetes y accidentes vasculares
suelen ir de la mano mucho más de lo que se quisiera. El exceso de
azúcar plasmático en sangre bloquea el suministro de vitamina C a
las paredes de los vasos sanguíneos lo que provoca su deterioro y
engrosamiento a lo largo de todo el aparato cardiovascular con el
riesgo de que cualquier órgano pueda sufrir un infarto. Al hablar de
esta dolencia Rath menciona -entre otros trabajos- el estudio
realizado en sí mismo en Stanford el año 1973 por el doctor J. D.
Dice (era diabético). La conclusión de su autoinvestigación fue que
por cada gramo suplementario de vitamina C obtenía una reducción de
2,5 unidades de insulina. Sus propios estudios sobre la aplicación
del programa vitamínico desarrollado para la diabetes en diez
pacientes que sufrían diabetes tipo II concluyeron que los niveles
de azúcar en sangre se redujeron de 155 mg/dl al comienzo del
estudio a 120 al final del mismo: un 23%.
Según el Dr. Rath los diabéticos deben seguir un tratamiento
específico con vitaminas C y E y dos minerales: magnesio y cromo.

ACCIÓN PREVENTIVA
En definitiva, Rath afirma que para prevenir tanto las enfermedades
citadas como otras patologías crónicas lo más adecuado es tomar
periódicamente determinados micronutrientes, especialmente los
aminoácidos lisina, prolina, arginina, carnitina, cisteína y
taurina, minerales como el magnesio, el cobre, el potasio y el
calcio, la coenzima Q-10, inositol, picnogenoles (un tipo de
bioflavonoides), betacaroteno (provitamina A), vitaminas A, D, E y H
(biotina), algunas del grupo B (especialmente las B1, B2, B3, B5,
B6, B9 y B12) y, sobre todo, vitamina C (entre 2 y 20 gramos cuando
la enfermedad ya se ha manifestado; la cantidad depende de la salud
general, el nivel de tensión, el peso, la edad y otras variables
personales. En cualquier caso, cantidades muy por encima de la
oficialmente considerada "suficiente" que es de sólo 60 mg diarios).
Precisamente respecto de la toma de grandes dosis de vitamina C,
Medline Plus -uno de los referentes de la búsqueda de documentación
médica en Internet- afirma en su última actualización: "Ingerir
altas dosis de vitamina C no produce generalmente toxicidad porque
al ser una vitamina soluble en agua se expulsa sin más a través de
la orina. Sólo las personas que tienden a padecer de cálculos en el
riñón pueden encontrar que su situación se agrava con los
suplementos de vitamina C al tomarla en megadosis." Linus Pauling,
por su parte, afirmaba: "Las investigaciones demuestran que no hay
riesgo de toxicidad ni reacciones adversas peligrosas. Multitud de
personas toman hasta 100 gramos diarios sin mayores consecuencias.
Quienes tomen de 10 a 20 gramos al día pueden notar un leve efecto
laxante. Ese efecto es precisamente el baremo que establece la
cantidad que una persona puede administrar a su organismo por vía
oral. Sin embargo, las personas que sufren una enfermedad grave
poseen mayor tolerancia intestinal y admiten dosis más elevadas. En
cualquier caso, tomar la vitamina C con alimentos o después de comer
reduce esa reacción (...) Creo que todos los adultos estadounidenses
deberían tomar al menos tres gramos diarios de vitamina C. Pero
recuerden: tres gramos son mejor que uno y seis son mejor que tres".
Obviamente, la principal medida que Rath recomienda es seguir una
dieta basada fundamentalmente en frutas y verduras, hacer algo de
ejercicio físico -condición sin la cual es imposible conseguir un
adecuado funcionamiento cardiovascular-, descansar suficientemente y
aprender a relajarse ya que la adrenalina -la hormona que produce el
estrés- consume las vitaminas almacenadas en el organismo. Eso sí,
si se decide a tomar suplementos lo mejor es que lo haga en las
proporciones y dosis adecuadas según la patología que padezca.
Consulte pues a un experto y no se automedique.

LA REVERSIÓN NATURAL DE LAS ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES
Cabe añadir que la ingesta de micronutrientes no sólo sirve para
prevenir las patologías cardiovasculares sino que también sirve para
tratarlas cuando ya se han manifestado. La propuesta básica de Rath
en ese sentido es la siguiente:

-Para estabilizar la pared arterial mediante una adecuada producción
de colágeno.
Se obtiene con un adecuado aporte de lisina, prolina y vitamina C.

-Para reducir los "tumores" de la pared arterial.
La carencia de vitaminas provoca que las células musculares de las
paredes arteriales produzcan moléculas de colágeno defectuosas que
se acaban convirtiendo en un tumor arterosclerótico. La vitamina C y
la vitamina E consiguen frenar este crecimiento.

-Para proteger la pared arterial y desintegrar las placas
arteroscleróticas.
Como ya hemos comentado Rath descubrió que no son las lipoproteínas
de baja densidad o LDL las responsables de la formación de las
placas arteroscleróticas sino una variante llamada lipoproteínas (a)
que se caracterizan por su capacidad adhesiva (de ahí su letra "a").
Por tanto, lo que hay que hacer es evitar que éstas se adhieran en
la parte interior de las arterias, algo que consiguen las
llamadas "sustancias teflón" entre las que destacan los aminoácidos
lisina y prolina. Y no sólo eso: estos dos aminoácidos también
disuelven las moléculas lipoproteínicas ya adheridas a la pared
arterial.

-Para proteger la circulación sanguínea y las paredes arteriales.
Aceptada por Rath la teoría que señala a los radicales libres como
otro de los mecanismos que favorece el desarrollo de la
arterosclerosis, los infartos y las apoplejías al dañar los tejidos
de las paredes arteriales propone impedirlo ingiriendo de forma
sinérgica potentes antioxidantes. Entre ellos, betacaroteno,
vitaminas C y E y otros micronutrientes.

-Eliminación el exceso de calcio de las paredes arteriales.
Rath propone como solución básica para este problema la ingesta de
vitamina D.

CONCLUSIÓN
Supongo que llegados a este punto el lector se estará preguntando
por qué si todo esto es así se silencia y por qué los médicos siguen
recetando tantos fármacos que ni previenen ni curan los problemas
cardiovasculares. Para Matías Rath la razón está clara: "El silencio
actual tiene como objeto poder seguir fomentando la venta de
medicamentos". Y añade: "Hay más de 10.000 estudios que demuestran
los beneficios de las vitaminas en la salud. Y el mayor de ellos
revela que en miles de millones de animales las enfermedades
cardiovasculares son prácticamente desconocidas porque producen su
propia vitamina C. La pregunta a formular, por tanto, es simple:
¿durante cuánto tiempo más van a ignorar los médicos el hecho de que
millones de personas mueren cada año de una enfermedad que hace
tiempo podría haberse erradicado?".


Antonio Muro




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Incidencia de la vitamina C en las enfermedades cardiovasculares
La incidencia de la vitamina C en las enfermedades cardiovasculares
está expresada en numerosos estudios científicos. El efecto de la
vitamina C en los niveles de colesterol, por ejemplo, se apoya -
entre otros trabajos- en las aportaciones del doctor Harrie Hemilä -
de la Universidad de Helsinki (Finlandia)- quien evaluó los
resultados de más de 40 estudios constatando que en los pacientes
con alto nivel de colesterol inicial -más de 270 mg por decilitro-
los suplementos de vitamina C permitían reducirlo en un 20%.
Por su parte, el profesor K. F. Gey -de la Universidad de Berna
(Suiza)- comparó el número de enfermedades cardiovasculares de
distintos países europeos con el nivel de vitamina C y betacatoreno
encontrado en la sangre. Y sus resultados señalan que los habitantes
del norte de Europa tienen mayores posibilidades de padecer
enfermedades cardiovasculares y presentan el contenido más bajo de
vitaminas en sangre mientras los del sur tienen menores
posibilidades de padecer enfermedades cardiovasculares y su sangre
presenta el contenido más alto en vitaminas. ¿El secreto? La famosa
dieta mediterránea. Es decir, el tipo de alimentación.
Otro de los resultados significativos de este estudio fue la
constatación de que la presencia de vitaminas A, C y E desempeñan un
papel más significativo en el tratamiento de la enfermedad
cardiovascular que el nivel de colesterol.
Veamos finalmente -de forma muy resumida- algunos otros estudios
significativos aparecidos en los dos últimos años:

-La vitamina C protege el corazón.
Que los suplementos de vitamina C protegen el corazón lo corroboró
recientemente un estudio publicado en el Journal of the American
College of Cardiology en julio del 2003. Los resultados se basaron
en una muestra de más de 85.000 mujeres. Los investigadores del
Children's Hospital de Boston se encontraron con que el riesgo
cardíaco era un 28% menor entre las mujeres con mayor consumo de
vitamina C.

-La vitamina C estimula el desarrollo de células musculares
cardíacas a partir de células madre embrionarias.
Científicos de la Facultad de Medicina de Harvard (Estados Unidos)
publicaron en la edición electrónica de Circulation en abril del
2003 que la vitamina C estimula las células madre embrionarias de
ratón a transformarse en células musculares cardíacas, un
descubrimiento que según sus autores puede dar lugar a nuevos
tratamientos de la insuficiencia cardiaca. Los investigadores
evaluaron 880 sustancias distintas para comprobar en qué medida
ayudaban a que las células embrionarias se desarrollaran como
cardíacas y sólo una funcionó: ¡la vitamina C!

-La vitamina C y el riesgo de ictus.
Según un estudio efectuado en la finlandesa Universidad de Kuopio -
que se publicó en junio del 2002 en la revista Stroke- las personas
que ingieren poca vitamina C tienen un riesgo dos veces mayor de
sufrir un ictus (accidente cerebrovascular).

-La vitamina C, clave para una buena salud.
Un estudio publicado en diciembre del 2001 en el American Journal of
Epidemiology por investigadores de la Universidad de California, en
Berkeley, indica que la vitamina C es la clave para que nuestro
organismo obtenga los beneficios que se esperan del consumo de fruta
y verdura de cara a la prevención de enfermedades cardíacas y
ciertos tipos de cáncer.

-La vitamina C parece mejorar la función endotelial en pacientes con
insuficiencia cardíaca.
Investigadores alemanes y franceses publicaron en la revista
Circulation en octubre del 2001 los resultados obtenidos en un
estudio con 34 personas en el que evaluaron el efecto de la vitamina
C en pacientes con insuficiencia cardiaca y los resultados sugieren
que previene la muerte de las células endoteliales.

-La vitamina C prolonga la vida.
Un grupo de científicos británicos de la Universidad de Cambridge
publicó en marzo del 2001 en The Lancet un estudio según el cual
puede asociarse el consumo elevado de frutas y verduras ricas en
vitamina C con un menor riesgo de mortalidad por cualquier causa.
Según los investigadores, incluso pequeñas cantidades de vitamina C
en plasma se asocian a una disminución de hasta el 50% en el riesgo
de enfermedad y mortalidad cardiovascular.
-Las autoridades norteamericanas recomiendan aumentar la ingesta de
vitamina C.
Investigadores gubernamentales estadounidenses, atendiendo los
resultados de un estudio publicado en JAMA en abril de 1999,
aconsejaron aumentar al menos entre 100 y 200 mg la cantidad diaria
recomendada de 60 mg que se había establecido oficialmente en 1989.

-El déficit de vitamina C se asocia a un mayor riesgo de infarto de
miocardio.
Según un estudio publicado en abril de 1998 en el Journal of the
American College of Cardiology, entre los pacientes con
arteriosclerosis el déficit de vitamina C se asocia de forma
estadísticamente significativa con dolor torácico recurrente e
infarto. Los autores opinan que la vitamina C ayuda a evitar la
ruptura de la placa en el interior de las arterias.


A. M.